LEE LA PALABRA DE HOY, ESCUCHA EL AUDIO Y COMENTA EL EVANGELIO, EL SALMO Y LAS LECTURAS DEL DÍA LUNES DE LA XXXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO.
MISA DEL DÍA – BLANCO
Santa Isabel de Hungría (s. XIII, Patrona de la Arquidiócesis de Bogotá)
CONTENIDO DEL DÍA
ORACIÓN DIARIA POR LOS DIFUNTOS, MES DE NOVIEMBRE (< 3 MIN)
Antes de leer el Evangelio del día de hoy, te invitamos a ver este video de YouTube (<3 min), y a orar por los difuntos durante todo el mes de noviembre: «Oración por los fieles difuntos». Orar por el alma de los difuntos es una obra de misericordia espiritual. Dios te bendiga.
ANTÍFONA DE ENTRADA
Con liberalidad ha dado a los pobres; su justicia permanece para siempre; su poder será exaltado con honor. (Cf. Salmo 111, 9).
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que concediste a santa Isabel de Hungría el don de reconocer y honrar a Cristo en los pobres, concédenos, por su intercesión, servir con incansable caridad a los necesitados y afligidos.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL PRIMER LIBRO DE LOS MACABEOS
En aquellos días, surgió un hombre perverso, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado como rehén en Roma. Subió al trono el año ciento treinta y siete del imperio de los griegos.
Hubo por entonces unos israelitas apóstatas, que convencieron a muchos diciéndoles: “Vamos a hacer un pacto con los pueblos vecinos, pues desde que hemos vivido aislados, nos han sobrevenido muchas desgracias”.
Esta proposición fue bien recibida y algunos del pueblo decidieron acudir al rey y obtuvieron de él autorización para seguir las costumbres de los paganos. Entonces, conforme al uso de los paganos, construyeron en Jerusalén un gimnasio, simularon que no estaban circuncidados, renegaron de la alianza santa, se casaron con gente pagana y se vendieron para hacer el mal.
Por su parte, el rey publicó un edicto en todo su reino y ordenó que todos sus súbditos formaran un solo pueblo y abandonaran su legislación particular. Todos los paganos acataron el edicto real y muchos israelitas aceptaron la religión oficial, ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado.
El día quince de diciembre del año ciento cuarenta y cinco, el rey Antíoco mandó poner sobre el altar de Dios un altar pagano, y se fueron construyendo altares en todas las ciudades de Judá. Quemaban incienso ante las puertas de las casas y en las plazas; rompían y echaban al fuego los libros de la ley que encontraban; a quienes se les descubría en su casa un ejemplar de la alianza y a los que sorprendían observando los preceptos de la ley, los condenaban a muerte en virtud del decreto real.
A pesar de todo esto, muchos israelitas permanecieron firmes y resueltos a no comer alimentos impuros. Prefirieron la muerte antes que contaminarse con aquellos alimentos que violaban la santa alianza. Muy grande fue la prueba que soportó Israel.
P/. Palabra de Dios
R/. Te alabamos Señor
SALMO RESPONSORIAL
R/. Dame vida, Señor, para que conserve tus preceptos
Sentí indignación ante los malvados,
que abandonan tu ley. R/.
Los lazos de los malvados me envuelven,
pero no olvido tu ley. R/.
Líbrame de la opresión de los hombres,
y guardaré tus mandatos. R/.
Ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu ley. R/.
La salvación está lejos de los malvados
que no buscan tus decretos. R/.
Viendo a los renegados, sentí asco,
porque no guardan tus palabras. R/.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO DEL DÍA
R/. Aleluya, aleluya, aleluya
Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida. (Jn 8, 12)
R/. Aleluya, aleluya, aleluya
EVANGELIO DEL DÍA – MISA DE HOY 17 NOV. 2025
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS
Lc 18, 35-43
En aquel tiempo, 35 cuando se acercaba Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. 36 Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. 37 Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. 38 El ciego se puso a gritar: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!».
39 Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». 40 Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: 41 ¿Qué quieres que haga por ti?». «Señor, que yo vea otra vez».
42 Y Jesús le dijo: «Recupera la vista, tu fe te ha salvado». 43 En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios..
P/. Palabra del Señor
R/. Gloria a ti, Señor Jesús
COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
El texto que nos regala la liturgia el día de hoy, lunes 17 de noviembre de 2025, proviene del santo Evangelio según san Lucas (Lc 18, 35-43).
El Evangelio de este día narra un encuentro emotivo: el ciego de Jericó. Este hombre que se encontraba totalmente limitado en su vida, debido a su ceguera, contaba con otros ojos: los de la fe, que le permitieron “ver” en Jesús lo que muchos se negaban a reconocer: que era el Hijo de Dios, que era el Mesías, que tenía el poder para curarlo.
La escena es hermosa, el ciego grita al enterarse del paso de Jesús cerca de él. Muchos pretenden acallar su voz, pero él insiste. Posteriormente Jesús lo manda llamar, percibe en él la fe necesaria para curarse.
Sin embargo, Jesús pregunta al hombre ¿Qué quiere? ¿Qué necesita recibir de Él? Porque en el proceso de curación, es necesario reconocer y aceptar aquello que le pedimos con humildad a Jesús, es necesario reconocer nuestro límite ante Él.
El ciego no pide cosas, no pide riquezas… sólo aquello esencial para él: recuperar la vista. Le faltaban los ojos físicos. Y en ese acto de fe, de humildad y de confianza el ciego recupera la vista. El Señor enfatiza que la que hace el milagro es la fe, pues muchos en condiciones de igual necesidad no encontraron la curación porque no creyeron en Jesús.
El ciego siguió a Jesús por el camino, porque no es posible percibirlo y no irse detrás de Él. Cuando nos cuesta tanto seguir a Jesús es que no lo vemos, su vida, su belleza genera un atractivo que no podemos dejar una vez que lo descubrimos.


