Evangelio y liturgia de hoy, miércoles 4 de febrero de 2026: ora con el Evangelio de hoy en audio según san Marcos (Mc 6, 1-6): En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? …
Santa Juana de Valois (nulidad matrimonial, fudadora de orden religiosa) & San Gilberto de Sempringham
LEE LA PALABRA DE HOY, ESCUCHA EL AUDIO Y COMENTA EL EVANGELIO, EL SALMO Y LAS LECTURAS DEL DÍA MIÉRCOLES 4 DE FEBRERO DE 2026
Misa del Día – Verde – Semana 4a. del Tiempo Ordinario
CONTENIDO DEL DÍA
ANTÍFONA DE ENTRADA
«Si uno tiene de qué vivir y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a permanecer en él, el amor de Dios?». (Cf. 1Jn 3, 17)
ORACIÓN COLECTA
Oh Dios, que diste un origen idéntico a todos los pueblos y de ellos quisiste congregar una sola familia para ti, llena los corazones de todos con el fuego de tu caridad y dales el deseo de un justo progreso para sus hermanos, para que, gracias a los bienes que abundantemente a todos dispensas, cada uno se realice como persona y, suprimida toda división, se consoliden en la sociedad humana la justicia y la equidad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL SEGUNDO LIBRO DE SAMUEL
En aquellos días, el rey David dio a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él, esta orden: “Recorran todas las tribus de Israel, desde la ciudad de Dan hasta la de Bersebá, para hacer el censo de la población, a fin de que pueda yo saber cuánta gente tengo”.
Joab entregó al rey los resultados del censo: en Israel había ochocientos mil hombres aptos para la guerra, y en Judá quinientos mil. Pero a David le remordió la conciencia por haber mandado hacer el censo y dijo al Señor: “He pecado gravemente; pero tú, Señor, perdona la culpa de tu siervo, porque he cometido una gran locura”.
Aquella misma noche el Señor le habló al profeta Gad, consejero de David, y le dijo: “Ve a ver a David y dile que yo, el Señor, le mando decir esto: ‘Te propongo tres castigos. Escoge uno y yo lo realizaré’ “.
Por la mañana, Gad se presentó ante David y le preguntó: “¿Qué castigo prefieres; tres años de hambre en tu territorio; tres meses de huir, perseguido por tus enemigos; o tres días de peste en tus dominios? Piénsalo y dímelo, para que pueda yo contestarle al Señor, que me ha enviado”.
David le respondió: “Estoy en un gran apuro. Pero prefiero caer en manos de Dios, que es el Señor de la misericordia, que en manos de los hombres”. Y escogió la peste.
Era la época de la cosecha del trigo, cuando el Señor envió la peste sobre Israel, desde aquella misma mañana hasta el tiempo señalado. Desde Dan hasta Bersebá murieron setenta mil hombres. Pero, cuando el ángel del Señor había extendido ya su mano hacia Jerusalén, para desatar ahí la peste, el Señor tuvo compasión y le dijo: “¡Basta ya! Retira tu mano”. En ese momento, el ángel se hallaba cerca de Jerusalén, en los campos de Arauná, el yebuseo.
Entonces el rey David, angustiado por el exterminio, oró así: “Soy yo, Señor, el que ha pecado; soy yo, el pastor, quien ha obrado mal. ¿Qué culpa tienen ellos, que son las ovejas? Castígame, pues, a mí y a los míos”.
P/. Palabra de Dios
R/. Te alabamos Señor
SALMO RESPONSORIAL
R/. Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito. R/.
Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.
Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará. R/.
Tú eres mi refugio,
me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación. R/.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO DEL DÍA
R/. Aleluya, aleluya, aleluya
«Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-, y yo las conozco, y ellas me siguen. (Jn 10, 27)».
R/. Aleluya, aleluya, aleluya
EVANGELIO DEL DÍA – MISA DE HOY 4 DE FEBRERO DE 2026 – MIÉRCOLES
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Marcos 6, 1-6 (audio)
En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanos no viven aquí entre nosotros?». Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo.
Por eso les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa».
Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
Y Él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.
P/. Palabra del Señor
R/. Gloria a ti, Señor Jesús
COMENTARIO SOBRE EL EVANGELIO DEL DÍA
El Evangelio que nos trae la liturgia del día de hoy, miércoles 4 de febrero de 2026, proviene del santo Evangelio según san Marcos (Marcos 6, 1-6).
Y Jesús les dijo a la gente de su pueblo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa»… Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
El Evangelio de hoy nos muestra cómo la falta de fe rechaza la acción del Señor. Por la fe nos sometemos a su voluntad y rogamos a Él para que nos alcance su bendición y su acción salvadora, sanadora y liberadora. Pero, cuando no hay fe a pesar de todo lo que de Él recibimos en el día a día, ¿cómo esperar que sea nuestro auxilio si la propia dureza del corazón lo rechaza? Santo Tomás vio y creyó, pero otros no creen incluso viendo. Sus ojos están como ciegos, sus oídos sordos a la Palabra y su razón a la demostración cotidiana del actuar de Dios, en la persona de Jesús, entre nosotros.
Hoy roguemos al Señor nos aumente la fe y que, si es que acaso es falta completa de ella, nos dé la gracia de ver, que los velos que tapan los ojos caigan, que los ruidos que no nos dejan escucharle se desvanezcan, que la sordera que nos impide oírle sea curada, que el corazón que sea de piedra se convierta a uno de carne, que la soberbia se convierta en humildad, y, así, nos hagamos conscientes de su presencia y amor.


